Leyenda de la Siempre Novia

Arraiolos no deja en manos ajenas tales pergaminos.

De todas las historias y leyendas guardadas en la memoria de los tiempos, destaca, sin duda, la leyenda de la Siempre Novia.

Transmitidas oralmente o con referencias escritas más o menos antiguas, nos han llegado diversas versiones alusivas a la Novia de Arraiolos y a la Siempre Novia.

Sin poder ser concluyentes, dichas leyendas están vinculadas al castillo de Arraiolos y al Solar da Siempre Novia, y tienen como personaje principal a una joven y bella doncella.

Cuando alguien tarda demasiado en prepararse, aparece en seguida la referencia: «…pareces la novia de Arraiolos…», lo que nos remite a la leyenda de la Novia de Arraiolos, que cuenta que una doncella que vivía en el castillo de Arraiolos tuvo que esperar muchos años a que su prometido volviese de la guerra.

A su regreso, se hicieron los preparativos de la boda y, el día de la celebración, la novia hizo esperar durante largo tiempo al novio y a los invitados.

Apareció entonces cubierta con una albarda, en un intento de recuperar la belleza y la juventud de otros tiempos, o quizás de esconder (?) las marcas del tiempo.

(Existen diferentes versiones e interpretaciones de esta leyenda. La referencia a la «albarda» se sustituye a menudo por una «alfombra de Arraiolos» o «manta alentejana»).

La leyenda de la Siempre Novia parece estar ligada al Solar da Sempre Noiva (una casa solariega que pertenece administrativamente al municipio de Évora, parroquia de Graça do Divor) edificado en la transición entre los siglos XV y XVI por D. Afonso de Portugal, obispo eborense, que adquirió por permuta los antiguos terrenos del obispado. Se encuentra junto a la villa de Arraiolos, en la tranquilidad de la amplia llanura alentejana, pero lo suficientemente cerca del centro de atracción de la corte que por aquel entonces representaba la ciudad de Évora.

La leyenda de la Siempre Novia reza que se llamaba Beatriz y era hija de D. Álvaro de Castro, hermano de la difunta Inés de Castro y primer conde de Arraiolos.

Beatriz era una joven de una belleza deslumbrante; no es de extrañar, pues, que un castellano llamado Alfonso de Trastámara se enamorase de ella.

¡Pero estos eran tiempos difíciles! Portugal estaba en guerra con Castilla. Corría el año de 1384, Lisboa había sido cercada por los castellanos. El trono estaba vacío, y al mando de la resistencia, dentro de la ciudad, se encontraba el maestro de Avis. Beatriz se encontraba también en Lisboa y, por alguna oscura razón, el maestro de Avis suspendió las hostilidades, dejó entrar a un noble castellano llamado D. Pedro Álvares de Lara y la casó con él. Esta fiesta debe haber parecido bastante extraña a los ojos del pueblo, que dentro de las murallas sufría los tormentos de la guerra.

Pero, como han transcurrido seiscientos años desde el incidente, es difícil juzgar los motivos que condujeron a semejante procedimiento.

De todos modos, el matrimonio no llegó a consumarse, ya que el novio, al regresar con Beatriz al campamento castellano, murió de peste.

Alfonso de Trastámara recuperó la esperanza de casarse con su amada, pero murió cuando luchaba valientemente para impresionarla.

Una vez terminadas las luchas, y tras haber subido al trono el maestro de Avis, Beatriz volvió a Portugal y el rey se acordó de concederla en matrimonio a D. Nuno Álvares Pereira, que había enviudado y al que se le había concedido el título de segundo conde de Arraiolos. Pero este se negó.

Y se dice que el rey, hablando con ella durante largo tiempo para encontrarle un marido que le conviniese, terminó prendado de su belleza. Tal vez por ello no solo no volvió a elegirle otro prometido, sino que, además, hizo matar a Fernando Afonso, que se había casado en secreto con ella. Lo hizo matar de una manera cruel: quemado en una hoguera en la plaza pública, para que todos lo viersen.

Existe otra versión donde la Siempre Novia también se llamaba Beatriz y era hija de D. Afonso de Portugal, arzobispo de Évora, quien era un hombre lleno de iniciativa y ordenó la construcción de varios conventos y palacios, entre los que se encontraba esta casa solariega donde siempre vivió.