Nota histórica

Cunha Rivara, historiador arraiolense, en su obra «Memórias da Vila de Arraiolos», después de referirse a la nobleza y antigüedad de Arraiolos, así como a algunos aspectos históricos de su origen, afirma:
— «… sea como fuere, estoy seguro de que a principios del siglo XIII ya existía un asentamiento en el sitio de Arraiolos…»
También es cierto que la abundancia de vestigios relacionados con el final del Neolítico o incluso del Calcolítico constituyen una señal de una ocupación humana significativa a partir del IV milenio a.C. y, probablemente, «en la protohistoria, el lugar de hábitat correspondería ya a la actual elevación donde se encuentra el castillo de Arraiolos».

En 1217, con la concesión del término de Arraiolos por parte del rey Afonso II al obispo de Évora, D. Soeiro, y al cabildo de la catedral de la misma ciudad, comienza un nuevo capítulo de nuestra historia.
Arraiolos recibió el 1.er fuero de manos de D. Dinis, y fue el mismo monarca quien ordenó construir el castillo. El 26 de diciembre de 1305, el municipio, representado por João Anes y Martim Fernandes, celebró con el rey el contrato para su realización.

Arraiolos fue condado de D. Nuno Álvares Pereira, 2.º conde de Arraiolos, a partir de 1387. Antes de retirarse al convento do Carmo en Lisboa, el condestable del reino permaneció aquí durante largos períodos de su vida.

En 1511, Arraiolos recibió un nuevo foro de D. Manuel.

A lo largo de los años ha habido muchos cambios en su territorio. Si bien sus límites administrativos fueron establecidos a partir de 1736, ha sufrido diversas alteraciones:

— Inclusión en el distrito de Évora (1835); anexión del municipio de Vimieiro (1855); anexión del municipio de Mora (1895); desanexión del municipio de Mora (1898).

Arraiolos, «tierra de las alfombras» tiene en sus siglos de historia bordada a mano, por generaciones y generaciones de bordadoras, la belleza de su más genuina artesanía: la alfombra Arraiolos.
La referencia escrita más antigua que se conoce hasta hoy se encuentra en el inventario de Catarina Rodrigues, esposa de João Lourenço, labrador y residente en la finca Bolelos, término de Arraiolos, donde, en 1598, se describe la existencia de «hum tapete da terra novo avalliado em dous mill Reis» («una alfombra de la tierra, nueva, tasada en dos mil reis»).

El municipio, además de su riqueza paisajística, posee un vasto patrimonio edificado que el ayuntamiento de Arraiolos se ha esforzado en preservar y enriquecer.